Ayer casi todos los españoles pendientes del último disparo de los penaltis. Por fin pasamos a semifinales. La primera que veo en mi vida. La última fue hace 24 años, como bien se han encargado de repetir los medios de comunicación. En ese instante me consideré la más feliz del mundo.
Hoy, en menos de medio minuto, la más infeliz. Sólo hizo falta eso, un pequeño saludo, apenas un boceto de conversación, y vuelta a la cruda realidad. Es inútil ignorarla, siempre vuelve, siempre permanece. Habrá que afrontarla tarde o temprano.
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