"¡Qué asco oír la palabra "verosímil" aplicada al arte del teatro! Porque un teatro verosímil ¿no es la negación justa del teatro?
¿Se construye un edificio a propósito, se colocan allí enfrente centenares de asientos desde donde poder ver y escuhar, se levanta aquí la complicada trabazón del escenario para que lo que ocurra aquí sea una imagen y semejanza de lo que puede ocurrir ahí...? ¡No, no! Para eso, tanto más valía convertir todo el edificio en un garaje o en una fábrica de pastas para sopa.
¡No! Lo que aquí dentro ocurra tiene que ser lo más diferente posible a lo que pueda ocurrir fuera. Y cuanto más diferente más inverosímil. Y cuanto más inverosímil más se acercará a lo que debe ser el teatro [...]En esa especie de alféizar que es la batería el público tiene que apoyarse para contemplar siempre un inusitado espectáculo; esta valla de luz tiene que ser la frontera que separe dos mundos no solo diferentes, sino distintos, opuestos, antagónicos: ahí, en la penunbra, la vida cotidiana, los problemas domésticos, lo corriente, lo normal; aquí, bajo mil juegos de luz, lo puramente imaginario, lo imposible, lo absurdo, lo fantástico; ahí, la realidad; aquí, el sueño; ahí, lo natural; aquí, lo inverosímil; ahí, las preocupaciones, las pesadumbres, la tristeza repetida; aquí - como compensación divina ofrecida por el arte-, la despreocupación, las alegrías, la risa renovada.
La risa renovada... [...]"
Obra inédita de Enrique Jardiel Poncela
¿Se construye un edificio a propósito, se colocan allí enfrente centenares de asientos desde donde poder ver y escuhar, se levanta aquí la complicada trabazón del escenario para que lo que ocurra aquí sea una imagen y semejanza de lo que puede ocurrir ahí...? ¡No, no! Para eso, tanto más valía convertir todo el edificio en un garaje o en una fábrica de pastas para sopa.
¡No! Lo que aquí dentro ocurra tiene que ser lo más diferente posible a lo que pueda ocurrir fuera. Y cuanto más diferente más inverosímil. Y cuanto más inverosímil más se acercará a lo que debe ser el teatro [...]En esa especie de alféizar que es la batería el público tiene que apoyarse para contemplar siempre un inusitado espectáculo; esta valla de luz tiene que ser la frontera que separe dos mundos no solo diferentes, sino distintos, opuestos, antagónicos: ahí, en la penunbra, la vida cotidiana, los problemas domésticos, lo corriente, lo normal; aquí, bajo mil juegos de luz, lo puramente imaginario, lo imposible, lo absurdo, lo fantástico; ahí, la realidad; aquí, el sueño; ahí, lo natural; aquí, lo inverosímil; ahí, las preocupaciones, las pesadumbres, la tristeza repetida; aquí - como compensación divina ofrecida por el arte-, la despreocupación, las alegrías, la risa renovada.
La risa renovada... [...]"
Obra inédita de Enrique Jardiel Poncela
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