
Es de noche, y un gato
deambula entre los trenes detenidos.
Solitaria, su sombra se silencia
tras la hipócrita luz de una farola.
Puede hacer frío,
no sé,
yo no lo siento;
tan sólo sé que es tarde
y tengo sueño.
Un bulto se abandona
a la infiel tentación de la penumbra.
El fantasma de un mundo de tejados
sube hacia mí, y yo ya estoy dormido.
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